Los nombres de los árboles más floridos de Tabasco

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Por: Francisco Cubas/ 18 de marzo de 2021

Tabasco, el estado que ocupa la parte baja de las cuencas Grijalva-Usumacinta, y las calles y los campos se van llenando de árboles de colores. Aunque en realidad, referirse a la primavera es tratar de emular las cuatro estaciones de otras latitudes. En el trópico sólo hay dos grandes estaciones, la de seca y la de lluvias. A partir de marzo la temperatura promedio se eleva por arriba de los 30 grados, para no volver a bajar hasta las lluvias de octubre.  Pero eso no impide gozar a la vista de tantos árboles floridos. Aunque existen en la región de la Llanura Costera del Golfo Sur muchos árboles que dan flores muy bellas, los que más lucen, los que llenan sus copas de color y los que todo mundo nombra son principalmente cuatro: el guayacán, el macuilis, el framboyán y la lluvia de oro. Los primeros dos han estado en estos territorios desde hace muchos miles de años, los otros fueron traídos de otros continentes. El guayacán, el macuilis y la lluvia de oro florecen entre marzo y abril, el framboyán lo hace mucho más tarde

A partir de aquí nuestra historia se complica, porque el primero de ellos, el guayacán, en realidad no es uno, sino muchos árboles. Me explico: guayacán es una palabra proveniente del taíno waiacan, que ha sido usada en muy diversos territorios de los trópicos americanos para nombrar árboles de varios géneros diferentes (Tabebuia, Caesalpinia, Guaiacum, Porlieria, etc), incluso se usa también para algunas hierbas.  En la cuenca Grijalva-Usumacinta, y en otros lugares, se usa principalmente para referirse a un árbol de madera muy dura que llena su copa de flores amarillas, en una explosión de color. Pero resulta que hay tres especies diferentes que comparten estas características, y las tres pueden encontrarse en Tabasco: el Handroanthus chrysanthus, que por cierto es el árbol nacional de Venezuela, el Roseodendron donnell-smithii, y el Handroanthus guayacan. Las tres especies pertenecen a la familia Bignoniaceae, que cuenta con 650 especies distribuidas en 110 géneros. En Tabasco se encuentran el 80% de los géneros y el 61% de las especies de Bignoniaceae de México. 

Además de sus nombres científicos, a estos árboles se les aplican diferentes nombres comunes en los diferentes estados y países en que se distribuyen. Según un documento de la Comisión Nacional de la Biodiversidad en México se le llama de las siguientes maneras: amapa prieta (Sinaloa), primavera (Jalisco, Colima, Nayarit), verdecillo (Michoacán, Guerrero.), lombricillo, lotcui (Chiapas), guayacán (Tabasco, Chiapas), roble (Guerrero), ahan-ché, ahouan-ché, x-ahau-ché (maya yucateco). Pero también están estos otros nombres: amapa amarilla, amapa verde, araguaney, guayacán oreja de león, chuto, lombricillo, palo fierro, pata de león, roble amarillo, roble serrano. En la lengua yokot’an se le llama k’ënk’ën nichte’. 

¿Cómo saber entonces, cuando vemos un árbol con su copa llena de flores amarillas, de qué especie se trata? Para contestar esto consultamos al investigador Carlos Burelo Ramos, del Herbario de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. El especialista nos explicó que, aunque existen pequeñas diferencias entre la forma en que se agrupan las flores y las hojas de las tres especies a las que se llama guayacán amarillo (Handroanthus chrysanthus, Roseodendron donnell-smithii y Handroanthus guayacan), y en las estrías de la madera del tronco, la única forma infalible de identificarlas es por los pelillos que presentan en la base de sus hojas, ya que en una especie son simples, en otra son estrellados y en otra son menos abundantes. El nombre técnico que usan los botánicos para estos pelillos es tricomas (que en griego quiere decir cabello), y sólo pueden ser observados con microscopio. 

De modo que, para quienes no somos especialistas, será muy difícil averiguar a simple vista cuál es la especie de guayacán que estamos viendo. A manera de consuelo, el especialista nos aseguró que los árboles de la ciudad de Villahermosa y los sembrados en la mayoría de los ranchos y parques son de la especie Handroanthus guayacan, y las otras dos sólo se encuentran en lugares selváticos, no cultivados, que cada día son menos. Tan es así que la especie Handroanthus chrysanthus (el guayacán amarillo que es árbol nacional de Venezuela) aparece mencionada en la Norma oficial mexicana bajo la categoría de especie amenazada. Al parecer la especie Roseodendron donnell-smithii es más abundante en Chiapas y Guatemala. Sobre estos árboles amarillos se afirma en diversas tradiciones que la corteza es eficaz para tratar reumatismo, artritis, cáncer, infecciones, inflamaciones y ulceras, y probablemente sirva para combatir bacterias y hongos, aunque no hemos encontrado estudios científicos concluyentes al respecto. 

Una nube rosa y tres especies

Después de la enorme confusión que rodea a los guayacanes, el macuilis es un poco más sencillo, pero no mucho. identificar al macuilis. Se trata de un árbol de tronco oscuro que da muy buena madera, y que llena su copa con flores de un vistosísimo color rosa. Al menos en Tabasco, el nombre común macuilis se refiere a una sola especie, cuyo nombre científico es Tabebuia rosea, y que también pertenece a la familia Bignoniaceae. Sin embargo, a lo largo de tantos siglos los habitantes de diferentes territorios lo hayan nombrado de muchas formas. Según la Conabio sus nombres comunes en México son: amapola, maculís, palo de rosa, rosa morada, maculís,macuilis (Tabasco, Chiapas), cul (lengua huasteca, San Luis Potosí), macuelis de bajo (lengua lacandona, Chiapas), hok’ab, lok’ab (maya yucateco), li-ma-ña (Chinanteca, Oaxaca); Yaxté (lengua tojolabal, Chiapas), roble, roble blanco (Oaxaca, Guerrero, San Luis Potosí), amapa rosa (Nayarit), amapola (Sinaloa), rosamorada (Campeche, Quitana Roo), maculishuate, palo blanco, tural (Chiapas), nocoque, cacahua, icotl (San Luis Potosí), paloyugo, primavera (sinaloa), roble prieto (Oaxaca), satanicua (Guerrero). Recordamos siempre que estas listas de nombres de la Conabio hay que tomarlas con un grano de sal, porque fueron hechas hace ya muchos años y no necesariamente por personas expertas en las más de 60 familias lingüísticas de nuestro país. En yokot’an se le llama te’ ajmaculis y también chëkbujen nichte’. 

De modo que en el nombre más común en Tabasco, macuilis, resuena el número cinco náhuatl. Curiosamente, las hojas del macuilis crecen en grupos de cinco (la explicación técnica es más complicada, e implica hablar de hojas simples y compuestas, folíolos y raquis, pero creo que basta con observar la ilustración que adjuntamos a continuación para tener una idea más clara).  En la medicina tradicional de muchos pueblos americanos, las hojas del macuilis se usan para combatir la fiebre, y la corteza se usa para problemas respiratorios, gastrointestinales, dermatológicos, dolores menstruales, diabetes y problemas de circulación. Por su parte, estudios de laboratorio indican que el macuilis muestra una importante capacidad antioxidante, antiinflamatoria y antiproliferativa (que evita el crecimiento de células cancerosas).  

Sin embargo, el macuilis (Tabebuia rosea) no es el único árbol con flores rosas originario de América. Existen otros dos parientes suyos de la familia Bignoniaceae, se trata del Handroanthus heptaphyllus y del Handroanthus impetiginosus, que en Sudamérica son conocidos por el nombre común de lapachos, o lapachos rosados. El primero sólo habita en Sudamérica, mientras que el segundo se encuentra desde México hasta Argentina. Quién sabe cuántos de los nombres comunes registrados para el macuilis (Tabebuia rosea) en realidad se refieren al Handroanthus impetiginosus. Sabemos con seguridad, por las investigaciones del experto Carlos Burelo Ramos, que en Tabasco nunca se ha reportado la presencia de H. impetiginosus, pero sí ha sido reportado ampliamente en otros estados. Hemos encontrado reportes de que los árboles rosados que pueden verse en Yucatán, cuyo nombre común es xmakulis, son Handroanthus impetiginosus y encontramos al menos un artículo científico que reporta una gran población de Handroanthus impetiginosus en Oaxaca (ver el último en la lista de bibliografía de este artículo). Al parecer el H. impetiginosus se encuentra mayormente en selva seca tropical, y el Tabebuia rosea en ambientes más húmedos.

Las dos especies son muy parecidas, salvo por una diferencia que sí es fácil de observar: el Handroanthus impetiginosus (al igual que el Handroanthus heptaphyllus) tiene el borde de sus hojas serrados, es decir, toda la orilla de sus hojas termina en pequeñas puntas, similar a una sierra. En cambio las orillas de las hojas del macuilis (Tabebuia rosea) son lisas.

Una flama roja 

 Continuemos ahora con un árbol muy especial, porque, además de vistoso, surgió en una isla al otro lado del mundo. El framboyán, como se le llama en muchos lugares, es originario de Madagascar, y su nombre científico es Delonix regia. En Villahermosa son muy conocidos, porque durante el siglo XX fueron sembrados en muchos parques, jardines y ranchos. El andador del Parque Tomás Garrido, a la orilla de la Laguna de las Ilusiones, está lleno de ellos. ¿Y cómo sabemos que llegaron en el siglo XX? Esto lo aclararemos más adelante.  El nombre framboyán procede del francés flamboyant (que brilla o reluce). La palabra ha pasado intacta al inglés, donde significa extravagante, vistoso, llamativo. Y es verdad que cuando se llena de flores rojas es un árbol hermoso. 

Curiosamente, a pesar de haber sido plantado en parques de todo el mundo, este árbol está en peligro de extinción en su propia isla, Madagascar, por culpa de la continua deforestación. El framboyán pertenece a la familia de las Fabaceae, que contiene 730 géneros y unas 19,400 especies, lo que la convierte en la tercera familia con mayor riqueza de especies después de las compuestas (Asteraceae) y las orquídeas (Orchidaceae). En diversos lugares se dice que sus hojas y su corteza tienen propiedades diuréticas, desparasitantes y astringentes, pero no hay estudios de laboratorio que lo confirmen.  

Ramas doradas 

Nuestro último árbol en este recorrido es también amarillo, como el primero. La lluvia de oro es originaria de Asia, su nombre científico es Cassia fistula y también pertenece a la familia Fabaceae, como el framboyán.  Es un árbol grande, frondoso y muy atractivo cuando florece. Además, sus flores, frutos, semillas y hojas han sido utilizadas en la medicina tradicional de diversos lugares para el tratamiento de: diarrea, gastritis, fiebre, enfermedades de la piel, lepra, tiña, infecciones de hongos en la piel, dolor abdominal, ictericia y náuseas; además de atribuírsele propiedades cicatrizantes, hipoglucémicas, antinflamatorias, antimicrobianas y anti parásitos. Los estudios de laboratorio ofrecen buena evidencia de que las partes de este árbol tienen actividad antiinflamatoria y antimicrobiana, y también se ha estudiado su uso como antiparasitante para las ovejas.  A pesar de que el árbol no es originario de América, y de que fue introducido apenas hace un siglo, hay pueblos como los zoques de los Chimalapas, en Oaxaca, que utilizan la Cannia fistula para desparasitar y tratar la tos. 

Los dos exóticos que llegaron con el siglo XX

Los árboles más vistosos de Villahermosa presentan una interesante simetría. Los guayacanes y los macuilis son originarios de América, y pertenecen a la familia Bignoniaceae. El framboyán y la lluvia de oro son de África y Asia, y pertenecen a la familia Fabaceae.  Vayamos ahora al siglo XIX, cuando el célebre naturalista tabasqueño José Narciso Rovirosa se propuso registrar cómo florecían a lo largo del año las muchas especies de plantas que podían verse en la ciudad San Juan Bautista, como se llamaba Villahermosa en ese entonces. 

En 1890 publicó su libro: Calendario Botánico de San Juan Bautista y sus alrededores. Estudio consagrado a fijar el carácter de la floración en concordancia con las divisiones del tiempo. En él, Rovirosa registró al “maculiz” -con esa curiosa ortografía- como Tabebuia leucoxyla, y al guayacán como Tabebuia guayacan. Recordemos que los nombres científicos cambian conforme se tienen más conocimiento sobre las especies y los parentescos que guardan entre ellas. Rovirosa registró durante cuatro años, hasta donde le fue posible en su labor individual, 56 familias, 196 géneros y 238 especies con flores en la ciudad. Pero no registró el framboyán y la lluvia de oro, y no podemos pensar que a un naturalista experto como él le hubieran pasado desapercibidos dos árboles tan vistosos. Así que podemos concluir que en 1890 estas dos especies aún no habían llegado a Villahermosa, y que muy probablemente llegaron hasta ya iniciado el siglo XX. 

Fuente: http://nubedemonte.com/guayacanes-y-macuilis/

Foto: Rolando Chávez. Árbol de guayacán (Handroanthus guayacan) en Villahermosa.  

Foto: Francisco Cubas Macuilis (Tabebuia rosea) en el centro de Villahermosa.