El origen de los cultivos y la sociedad

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«No basta con hablar de paz. Uno debe de creer en ella. Y no es suficiente creer. Hay que trabajar para conseguirla.» Eleanor Roosevelt

Por Elisabeth Casanova García/ afgha@hotmail.com/ Jorge Quiroz Valiente/ 917 1067165

México es un país megabiodiverso, multicultural y centro de origen (domesticación) y diversificación genética de 15.4% de todas las especies que constituyen el sistema alimentario mundial. La relevancia de los centros de origen y diversificación, radica en ser reservorios genéticos activos, pues el 90% del sistema alimentario mundial está constituido por menos de 120 especies de plantas cultivadas. Únicamente cuatro especies vegetales (papa, arroz, maíz y trigo) y tres especies animales (vacas, cerdos y pollos) aportan más de la mitad a nuestro sistema alimentario.

Se llama centro de origen a aquellas regiones del planeta en donde ocurrió la domesticación de las plantas silvestres que conforman los sistemas alimentarios de cada pueblo. Además, su gran diversidad se debe no sólo a los distintos climas y tipos de vegetación y a las presiones selectivas en un ambiente natural difícil, sino a que van satisfaciendo necesidades culturales, culinarias y rituales, en especial en pueblos indígenas.

La domesticación de plantas a menudo se discute como una forma de mutualismo entre los humanos y las plantas de cultivo. La manipulación de las plantas ha incluido la limpieza de la vegetación, la quema controlada, la poda, el rebrote, la labranza, la siembra y más.

La mayoría de los organismos intervienen en su entorno y, por lo tanto, modifican su propia evolución y la de sus compañeros de nicho. Ejemplos de tales actividades incluyen la construcción de nidos por las aves, la construcción de presas y la creación de estanques por los castores, los cambios en la química y la textura del suelo causados por las lombrices de tierra, y la secreción de aleloquímicos por parte de las plantas. Asimismo, los seres humanos siempre han influido en su entorno. Aparte del impacto ecológico humano a través del manejo tradicional de recursos, los seres humanos siempre han creado perturbaciones ecológicas en sus entornos, a lo largo de los caminos, generando montones de basura, letrinas etc.

El conocimiento de esas perturbaciones provocadas por los humanos llevó a algunos autores a sugerir una de las primeras hipótesis que describen el origen de las plantas domesticadas es la «hipótesis del basurero». Sugiere que las plantas de cultivo se originaron a partir de plantas asociadas con hábitats alterados y alrededor de antiguas viviendas humanas con montones de basura humana. Darwin sugirió que los «salvajes» estaban familiarizados con las plantas nutritivas en sus países de origen y las cosechaban, y que gradualmente la gente comenzó a cultivar algunas de estas plantas cerca de sus viviendas y como el suelo cerca de las chozas de los nativos estaría en cierto grado abonado, tarde o temprano surgirían variedades mejoradas.

Los pobladores cazadores-recolectores de diferentes regiones, mostraron estrategias de adaptación en la búsqueda de alimento, todas ajustadas a los diferentes entornos. El conocimiento detallado del entorno natural, incluidas las plantas y los animales, permitió a los grupos de cazadores-recolectores prosperar desde el círculo polar hasta las regiones ecuatoriales. Claramente y por definición, todas las estrategias de alimentación implican algún grado de intervención ambiental, que se extiende desde el mero efecto de la extracción (cosecha) de productos alimenticios, hasta técnicas de manejo más elaboradas que se utilizan para regular o promover el crecimiento de especies objetivo para una variedad de usos incluyendo la difusión de semillas silvestres (especies anuales) o el trasplante / desplazamiento de especies perennes.

El origen de muchas especies domésticas genera una gran incógnita de cómo se utilizan al día de hoy. Muchas plantas que tienen sustancias que activas pueden quemar, herir, matar, purificar, calmar, sanar o nutrir. Llama la atención la elaboración del “curare”, el término se aplica genéricamente a diversos venenos de flechas de América del Sur. Dichos extractos se hacen con muchas plantas diferentes. El curare tiene ventajas respecto a otras técnicas de caza como la escopeta pues inmoviliza a la presa y le impide huir. Su acción es rápida e impide las pérdidas frecuentes en los matorrales o en la selva con el fusil o la carabina. El relajamiento muscular hace que los animales se caigan de las ramas de los árboles. Algunas comunidades preparan las flechas venenosas de una sola o unas pocas especies, otras elaboran fórmulas conformadas por 15 o más especies.

El huerto familiar, la milpa y aun los acahuales, son espacios de domesticación, áreas en constante transformación. En el sureste mexicano, por ejemplo, el huerto familiar puede tener plantas medicinales, condimenticias, hortalizas, ornamentales, y plantas cuyas hojas sirven para envolver algunas preparaciones (como tamales, pushcaguas, mone, poxe, etc) así como también se encuentran abejas sin aguijón para producción de miel, aves de corral, cerdos, borregos e incluso algunas especies silvestres, como mascotas e incluso de uso alimenticio (loros, pericos, iguanas, quelonios, pijijes, etc.) y árboles frutales, de sombra y especies maderables traídas de la selva. Los huertos familiares, son sistemas integrales de producción, que el ser humano y el medio ambiente diseñan. La agricultura es quizá la primera práctica social del ser humano y desde su surgimiento ha estado fuertemente vinculada al hecho antropológico mediante el cual el hombre inició el proceso de civilización. Es en este proceso en que el hombre comienza a agruparse para obtener mayor beneficio para la comunidad.

A pesar de haber empezado este proceso hace muchos años (9500 a.C.), la idea de civilización, convivencia y bien común siguen pareciendo objetivos lejanos de nuestra sociedad. La invitación de esta semana es a reflexionar sobre el aporte de cada quien a estos objetivos.