Agricultura Agro Región

¿Perdemos nuestra identidad alimentaria en México?

  • Algunos alimentos y utensilios se generalizaron, así como de la olla de presión, el uso de grasas y aceites vegetales en la mayoría de las cocinas mexicanas, desplazando a las grasas animales (manteca de cerdo y la mantequilla).
 Jorge Quiroz Valiente1
Elisabeth Casanova García2
1INIFAP-Tabasco
2UPCH/ AGRO REGIÓN
Una de las tendencias generales más destacadas es la homogeneidad creciente de la alimentación en el mundo. Conforme se extendieron las redes del mercado interno la alimentación tendió a hacerse cada vez más homogénea perdiéndose la diversidad regional. La urbanización en general desvincula a la sociedad con la producción de alimentos, convirtiendo a la población urbana (y en cierta medida a la rural) en consumidores.
Poco a poco, ante la incorporación de nuevos productos en los hogares, la dieta se diversificó, por ejemplo, con el uso extendido de las pastas elaboradas con harina de trigo, o con la compra en el mercado de ingredientes como la pasta para elaborar el mole. Productos refinados, como la harina de trigo y el azúcar blanca, ganaron presencia en un mayor número de hogares.

Aunque las muertes por ENT se dan principalmente en la edad adulta, los riesgos se incrementan al asociarlos a las dietas malsanas que comienzan en la niñez y se acumulan a lo largo de la vida.

Al mismo tiempo, algunos alimentos y utensilios se generalizaron, así como de la olla de presión, el uso de grasas y aceites vegetales en la mayoría de las cocinas mexicanas, desplazando a las grasas animales (manteca de cerdo y la mantequilla). Los investigadores Juana María Meléndez Torres y Luis Aboites Aguilar sugieren que un cambio adicional en la alimentación mexicana se dio entre 1959 y 1981, donde mejoró el consumo de proteínas de origen animal, a partir de la carne, leche y huevos, aunque en una gran parte aún es deficiente el consumo de proteínas de origen animal.
De acuerdo a la encuesta nacional de salud y nutrición (2016), la prevalencia de sobrepeso y obesidad se ha incrementado en las mujeres y es mayor en las zonas rurales que en las urbanas. En los varones el sobrepeso aumentó en las zonas rurales, actualmente es de 67.5% y se estabilizó en las zonas urbanas, pero es mayor (69.9%). Las cafeterías escolares son un de las mayores áreas de oportunidad que existen contra este problema. Si no se combate la mala alimentación, aumentará la prevalencia de Enfermedades No Transmisibles (ENT) en la población por mecanismos tales como un aumento de la presión arterial, una mayor glucemia, alteraciones del perfil de lípidos sanguíneos, y sobrepeso u obesidad. Aunque las muertes por ENT se dan principalmente en la edad adulta, los riesgos se incrementan al asociarlos a las dietas malsanas que comienzan en la niñez y se acumulan a lo largo de la vida.
LA FAO elaboró un documento en el que pide una acción mundial para reducir el efecto que tiene en los niños la publicidad de alimentos ricos en grasas saturadas, grasas trans, azúcares o sal (http://www.who.int/dietphysicalactivity/childhood/es/). Se destaca dentro de las recomendaciones que los entornos donde se reúnen los niños deben estar libres de toda forma de promoción de alimentos clasificados como chatarra y limitar la promoción de ellos en los medios de comunicación. La prevención y el tratamiento de la obesidad exige un enfoque en el que participen todas las instancias gubernamentales y la sociedad en general.
El consumo local tiene muchas ventajas, desde el impacto ecológico hasta el económico, por citar algunas: los productos locales son más frescos y en el caso de los vegetales, maduran de forma natural, lo que asegura un mejor sabor y calidad nutritiva, se requieren menos empaques y logística de distribución, ya que los productos no son transportados grandes trayectos, lo que reduce emisiones de CO2 y lo más importante es que su comercio beneficia a los productores locales y genera desarrollo territorial, que sumado a otros factores aumenta el nivel de bienestar social, baja índices de pobreza y delincuencia; en el terreno psicosocial, consumir productos de calidad local genera un sentimiento de pertenencia y orgullo que se transmite a los visitantes e incentiva otras empresas como la fabricación de artesanías y el turismo.

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