La reconversión productiva en Sonora no es una medida de emergencia; es una política estructural orientada al bienestar de quienes hacen producir la tierra.
Producir de manera sostenible, rentable y competitiva es un reto que las productoras y los productores agrícolas mexicanos enfrentan todos los días en el surco. Las sequías recurrentes y la baja en el almacenamiento de las presas exigen soluciones de fondo, no parches pasajeros.
Por eso, en los valles del Yaqui y Mayo, el campo sonorense está demostrando su resiliencia a través de la reconversión productiva: una estrategia voluntaria e inteligente donde se sustituyen los cultivos tradicionales por opciones que se adaptan mejor al clima actual, usan menos agua y dejan más dinero en los bolsillos de las familias del campo.

Durante el ciclo Otoño-Invierno 2025–2026, lo que antes era suelo destinado al trigo se transformó en 32 mil 311 hectáreas de cultivos más fuertes y resilientes ante la escasez hídrica:
*Cártamo: 31,340 hectáreas establecidas.
*Canola: 658 hectáreas en fase de validación.
*Girasol: 313 hectáreas pintando el paisaje sonorense.
¿Por qué la reconversión es un ganar-ganar?
Juan Manuel González Alvarado, titular de la Representación de AGRICULTURA en la entidad, explica que desde la perspectiva técnica y económica, apostar por cultivos oleaginosos (como cártamo, canola y girasol) trae beneficios inmediatos:
Beneficios para el campo:
*Menos agua: Reduce la lámina de riego necesaria por hectárea.
*Protección al suelo: Mantiene la productividad agrícola en condiciones climáticas adversas.
*Alivio hídrico: Disminuye la presión de demanda sobre los distritos de riego.
Beneficios en el bolsillo:
*Venta garantizada: Existe una demanda constante por parte de la industria de aceites y alimentos.
*Mejores precios: Mayor estabilidad en el mercado comparado con granos tradicionales.
*Soberanía alimentaria: Sustituye importaciones con productos 100% mexicanos.

Una estrategia con visión de futuro
La reconversión productiva en Sonora no es una medida de emergencia; es una política estructural orientada al bienestar de quienes hacen producir la tierra. Validando los cultivos primero en el campo antes de su masificación, se reduce el riesgo para las y los productores.
Alineando el sudor de nuestra gente con las necesidades del mercado y el cuidado del agua, garantizamos un campo mexicano sostenible, rentable y con un futuro seguro para las próximas generaciones. ¡El campo no se detiene!
