OTRAS FORMAS DE TALAR

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Por Dr. Jorge Quiroz Valiente

La deforestación constituye, por muchos motivos, uno de los problemas ambientales más apremiantes del planeta. La tala descontrolada tiene consecuencias negativas tanto en la biodiversidad, como en la conservación del suelo, el ciclo del agua y el cambio climático. Sin embargo, la palabra clave aquí es "descontrolada". Es necesario distinguir entre la destrucción de los bosques y el aprovechamiento forestal. Cortar un árbol no siempre significa provocar deforestación, de la misma manera que conservarlo en pie no implica renunciar a sus beneficios económicos.

Tradicionalmente el aprovechamiento forestal se ha centrado en establecer generaciones de árboles, cortarlos en su madurez y obtener madera, repitiendo este ciclo. Este procedimiento puede ser sostenible cuando existe una adecuada planificación, regeneración y conservación del ecosistema. No obstante, para determinados productos, como leña, postes pequeños, forraje y biomasa, existen alternativas que permiten realizar cosechas sucesivas sin necesidad de replantar después de cada recolección.

Entre estas técnicas destacan la poda selectiva y el aprovechamiento mediante rebrote de cepa. La primera consiste en retirar determinadas ramas conservando el tronco y parte de la copa. El rebrote de cepa o coppicing, por su parte, se trata de cortar el tronco cerca del suelo para estimular el desarrollo de nuevos tallos a partir de las raíces y tejidos vivos que permanecen.

La capacidad de rebrote tiene ventajas biológica sustanciales. Un árbol adulto dispone de un sistema radical consolidado y de reservas de carbohidratos que pueden favorecer la formación de nuevos brotes. En consecuencia, algunas especies pueden recuperar su biomasa aprovechable con mayor rapidez que las plantas recién establecidas. Sjölund y Jump (2013) señalan que la regeneración vegetativa constituye una herramienta relevante para el manejo forestal, aunque su eficacia depende de la especie, las condiciones ambientales y la intensidad de aprovechamiento.

En el trópico mexicano existen especies con características favorables para estos sistemas. Una de las más conocidas es el cocoite ( Gliricidia sepium), ampliamente utilizado como cerca viva, árbol de sombra y fuente de forraje. Esta leguminosa presenta buena capacidad de rebrote y, además de ser una proveer follaje, leña y materia orgánica mediante cortes periódicos, promueve la fertilidad del suelo por su asociación con bacterias fijadoras de nitrógeno. El follaje de la leucaena ( Leucaena leucocephala) es aprovechado en la alimentación del ganado por su alto contenido de proteína. El poró o colorín ( Erythrina poeppigiana) se utiliza en sistemas agroforestales tropicales para proporcionar sombra, aportar materia orgánica y producir biomasa mediante podas. Estas especies ilustran que el aprovechamiento forestal no tiene que limitarse a la producción de madera gruesa; también pueden generar productos de manera recurrente y complementar actividades agrícolas y ganaderas.

Desde el punto de vista ambiental, mantener árboles vivos y sistemas radicales funcionales puede contribuir a conservar la estructura del suelo, reducir la erosión, favorecer el reciclaje de nutrientes y mantener reservorios de carbono. También permite mantener cierta cobertura arbórea, particularmente cuando se realizan podas parciales en lugar de eliminar toda la parte aérea. Sin embargo, estas ventajas no deben generalizarse, un árbol sometido a cortes demasiado intensos puede perder vigor, disminuir su crecimiento, exponerse a patógenos e incluso morir.

El cuándo y el cómo del aprovechamiento constituyen, por tanto, una decisión fundamental. Cortar con mayor frecuencia o profundidad no necesariamente significa obtener una producción acumulada superior. Los árboles necesitan tiempo para recuperar su superficie foliar y reponer las reservas utilizadas durante el rebrote. Milliken y colaboradores (2018), en especies arbóreas del bosque seco brasileño, encontraron diferencias importantes en supervivencia y productividad según la especie y el régimen de manejo. Sus resultados confirman que las intervenciones deben ajustarse a la rusticidad de cada árbol.

En términos económicos, los cortes periódicos tienen gran potencial. No sólo disminuyen la necesidad de adquirir plantas, preparar nuevamente el terreno y esperar el establecimiento de una nueva plantación, también aprovechan especies que ya forman parte del paisaje rural y diversifican los sistemas silvopastoriles. No obstante, los costos de mano de obra, la frecuencia de cosecha, la vida productiva y el rendimiento acumulado determinan la rentabilidad real. Para producir madera aserrable de grandes dimensiones, el cultivo de árboles hasta alcanzar diámetros comerciales puede seguir siendo la mejor alternativa.

Para sacar el mejor provecho de la poda y el rebrote, sería necesario desarrollar investigaciones que comparen, durante periodos prolongados, la producción de biomasa, los costos, la supervivencia de los árboles, el almacenamiento de carbono y los efectos sobre el suelo. La utilización de drones y otras herramientas de medición permitiría evaluar la recuperación de las copas y cuantificar la respuesta a diferentes intensidades de poda, optimizando poco a poco el manejo de cada especie.

Que algo sea sostenible no significa que sea sagrado o intocable, sino que sea viable a largo plazo. El aprovechamiento forestal sostenible, entonces, no debe plantearse como una elección radical entre cortar árboles o conservarlos intactos. A veces es necesaria la madera, en otras las ramas o los brotes bastan. La decisión debe sostenerse en la especie, el producto y las implicaciones ecológicas. El respeto a la naturaleza es, sobre todo, saberla utilizar.